UNIÓN PANAMERICANA DE JUDO
 

 

El Gordo Veitía
 

                                                                                                                           20 Mayo 2011
 

Por: Jhonah Díaz González, estudiante de Periodismo de la Universidad de La Habana

Los resultados de la escuadra femenina de judo tienen un nombre, o mejor, un apodo. Su artífice ha sabido conducir, enseñar, educar.

Ha sido padre para todas aquellas que se han formado bajo su tutela, a quienes nunca les faltó su mano amiga por encima del hombro ni el consejo sabio cuando el mundo parecía derrumbárseles.

Su carácter fuerte, el temple de cubano y la forma física lo hacen ver diferente. Claro, luce extraordinario.

Es duro a la hora de regañar y se emociona como un niño si de celebrar y agitar nuestra enseña nacional se trata. Cubano por sobre todas las cosas, ha ganado a base de méritos propios cada título olímpico o mundial, cada medalla panamericana, cada sonrisa y agradecimiento infinito que le regala su pueblo.

Sin él, los resultados del judo femenino no serían los mismos. Tal vez no hablaríamos de Driulis ni de Legna. No hubiera llorado Estela Rodríguez con su presea de plata en Atlanta 1996; ni Odalis Revé hubiese gritado de alegría en Barcelona 1992.

Él es distinto. Pesa más porque siempre quiere y va por más. Es glotón de euforias y se muestra renuente a las tristezas. En Atenas, parecía estar él, y no Daima Beltrán, debajo de la atleta china él, pero sufría igual. Horas y horas de trabajo dejaba junto a su pupila en ese combate. La última esperanza dorada se esfumó en esos 25 segundos. Igual su pueblo lo aplaudió, regalándole luego en gratitud medallas en mundiales, Grand Prix y olimpiadas, cual si estuviera diciendo: estoy aquí, no me doy por vencido.

Existe un Alcides Sagarra en el boxeo. Un Eugenio George en el voleibol. Un Santiago Antúnez en las vallas y tendremos, por mucho tiempo, un Ronaldo Veitía en el judo.

La distinción Héroe del Trabajo de la República de Cuba, que le entregaron hace uno días, bien merecida la tiene. Es la medalla que le faltaba. El Gordo nos ha hecho vibrar, soñar, hasta calcular dos y tres veces para evaluar las posibilidades de su grupo.

Ya lo dijo su discípula Sibelis Veranes: “El Gordo sufre, suda, llora”.

 

 

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